Acabamos de salir del concierto, y vamos de camino a casa.
Pat, nuestras hermanas y las chicas que se encontraban a nuestro lado en el
concierto. Ruth y sus amigas me han estado dando todo el rato la vara con lo de
que Michael me ha dado su púa. Mi hermana me ha estado diciendo desde que
salimos que le diese la púa, y yo me he negado.
Veo que Laura se acerca a mi lado.
-¿Por qué no le quieres dar la púa a tu hermana? ¿No decías
qué a ti no te gustaban? –Me pregunta-
-Es sólo que me gusta hacerla rabiar. –Contesto yo. Por una
parte, es por eso. Pero mayoritariamente, es… Porque es para mí, es la púa de
Michael y él… Me la ha dado a mí. Es mía y la quiero.
-¿A qué al final te ha gustado en concierto, Joy? –Me
pregunta Esther, que está más atrás, con las demás chicas-
-Ha estado muy bien. ´-Le respondo. Porque es la verdad, es
lo que pienso. Esos chicos tienen mucho talento, y yo nunca he sabido
apreciarlo. He pasado mucho tiempo insultándolos y ni siquiera me he molestado
en escuchar algunas canciones o ver algunos vídeos suyos.
-Sabía que te iban a acabar gustando –me dice- y también sus
teloneros.
Yo sólo sonrío. No una sonrisa de “sí, me ha gustado el
concierto”, si no más bien una sonrisa de esas tontas, que salen sin más.
-EEEEEEEEEH –grita Pat. Se acerca corriendo a mí y me lleva
corriendo un poco más delante, para que las demás no escuchen, supongo- yo
conozco esa sonrisa.
-¿Qué sonrisa? ¿De qué hablas? –Intento disimular-
-Pues esta –sonríe y pone cara de tonta y los ojos en
blanco, mirando al cielo- ¡te gusta un chico!
-No me gusta ningún chico.
-Sí.
-No.
-Además, me hago una idea de quién es.
-No puedes saberlo, no puedes entrar en mi cabeza.
-¡AJÁ! Así que hay un chico en tu cabeza.
-¡QUÉ YO NO HE DICHO ESO!
-Lo acabas de decir. Indirectamente, pero lo has dicho.
-UUUUUUUY, cállate ya. Que no me gusta ningún chico y punto.
-¡Oye, vosotras! –Grita Elena- nosotras nos vamos por aquí,
¡tenemos qué quedar un día!
-Claro, adioooos –contesta Pat-
-Hasta otro día chicas –digo yo-
Seguimos andando y llegamos a mi casa. Pat y su hermana,
Avril viven un poco más para arriba.
-¿Salimos mañana a algún lado? –Me dice Pat- yyyyyyy, ya
sabes, me hablas de eso. –Pone énfasis en la última palabra para que sepa de
qué me está hablando. Del chico que, según ella, me gusta. Y probablemente lo
ha dicho así para que no se entere Ruth.
-Sí, quedamos, yo te llamo. Pero no te hablaré de eso. –Le
contesto, poniendo de nuevo énfasis en la palabra. Ella se ríe- hasta mañana.
Entro a casa después de Ruth. Mamá y papá están en la
cocina. Papá está terminando unas cuentas de su trabajo, supongo, y mamá está
bebiendo un café mientras lee un libro. Ruth comienza a contarles emocionada
con todo detalle cómo ha sido el concierto.
-Yo me voy a dormir, buenas noches, os quiero.
-¿No vas a tomarte nada antes de dormir, hija?
-No tengo ganas.
Subo a mi habitación a coger mi pijama. Hoy ha sido un día
muy largo, han pasado muchas cosas. Entro al baño y me quito la ropa. Me pongo
un pijama ajustado de color rojo; pantalón corto y camiseta de tirantes finos. Me
desmaquillo, me lavo un poco la cara, me cepillo el pelo y me quedo mirándome
unos minutos al espejo.
“¿A quién le iba a gustar una chica cómo tú?” Me dice mi
mente. “Mírate, no eres guapa. No tienes nada de especial”.
Agito un poco la cabeza para librarme de esos pensamientos.
Me voy a mi cuarto, cierro la ventana y me meto en la cama. Me quedo mirando un
rato al techo hasta que comienzan a pesarme los párpados, y me quedo dormida.
Me despierto con la potente luz del sol colándose por las
rendijas de mi ventana. Extiendo la mano para alcanzar mi móvil que está en la
mesita de noche. Tengo un mensaje de WhatsApp de Pat.
<<Pat: Te acuerdas de las chicas qué estaban ayer en
el concierto? Pues nos han invitado esta noche a que vayamos a una fiesta, es
en una de las discotecas de Fuenlabrada, no es muy conocida, vamos? Nos lleva
Ana otra amiga suya que no estuvo ayer en el concierto, pero dicen que es muy
maja.>>
Una fiesta. Perfecto. Es lo que necesito, para distraerme un
poco y pasarlo bien. Además de que las chicas de anoche me cayeron muy bien.
<<Yo: Vaaale, dónde quedamos?>>
Me levanto de la cama y me acerco a abrir la ventana esperando
que entre un poco de aire fresco. Pero es imposible, hace un calor
impresionante. Salgo de mi habitación y bajo a la cocina. Mi madre está
haciendo zumo natural para desayunar. Yo me siento en la silla de siempre.
-Buenos días mamá.
-Buenos días, he hecho zumo –me pone un vaso de zumo con el
escudo del Real Madrid, porque sabe que es el vaso que más me gusta. Yo me lo
empiezo a tomar y miro otra vez el WhatsApp, Pat me ha contestado.
<<Pat: Bien! Vente después de cenar a mi casa, sobre
las once. Hasta esta noche.>>
Le contesto con unos emoticonos y me pongo a ojear Twitter.
-Así qué ayer ligaste –dice mi madre de repente, lo que hace
que me atragante con el zumo y tosa un poco-
-¿A qué te refieres? ¿Quién te ha dicho eso?
-Ruth nos dijo a tu padre y a mí que el chico ese, el que se
cambia el pelo de color siempre, te dio su púa.
-¿Bueno y qué? Si a mí me da igual –Intento no ponerme roja
y miro el móvil, sin darle importancia-
-Pues eso, que ligaste. Tu hermana
me ha enseñado hoy una foto de él, con su novia.
-¿Qué novia? ¿Tiene novia?
-¿Pero a ti no te daba igual? –Dice
mi madre, y se ríe-
Yo le doy un codazo e intento
parecer enfadada pero la risa me sale sola. A veces mi madre es como mi mejor
amiga. Nunca tengo miedo de contarle nada y cuando le cuento mis problemas ella
siempre tiene la mejor solución.
-Pues sí, me da igual –cojo una
manzana, subo a mi habitación-
Me pongo a leer Insurgente hasta
la hora de comer, y después de comer subo de nuevo a mi habitación para ver qué
me pongo para esta noche. Elijo ponerme una camiseta negra y una falda verde
azulado que me compré hace poco.
Bajo al comedor a preguntarles a
mis padres si me dejan salir esta noche rezando para que digan que sí.
-Está bien –contesta mi padre.-
Nosotros también saldremos, y nos llevaremos a Ruth. Llegaremos tarde así qué
llévate llaves.
-Vale, gracias papá –le doy un
beso y subo de nuevo a mi habitación para arreglarme-
Me ducho, me peino y me dejo el
pelo que llevo siempre. Un poco aburrido, pero no me apetece ni rizarlo, ni
plancharlo. Me pongo la ropa que he escogido antes y unos tacones negros. Cojo un par de accesorios del joyero de mi madre, y ya estoy lista.